A veces me asombro de mi propia estupidez y en esos casos no me queda otra que reírme, qué le voy a hacer. Me pasan cosas como querer apagar el aire acondicionado con el control remoto del televisor, guardar la sal en la heladera, o hacer comentarios desacertados en Facebook, como esas tías viejas que todavía no saben usarlo y dan un poco de vergüenza.
El último de esos papelones cibernéticos lo cometí ayer, cuando comenté un status que rezaba "cómo pesa marzo" con un "no me digas que querés otro viaje, descarada". La autora del status era una abogada que participa en los juicios a los militares por los crímenes de la dictadura, y claramente hacía referencia al aniversario del 24 de marzo. En fin, me lo tuvieron que decir para que me avive, y me agarró una tentación tal que no pude parar de reírme, pensando la sarta de barbaridades que estaría pensando el público feisbuquero de mí.
Y bueno, como diría Tita Merello, ¡yo soy así! Lo asumo. A veces soy una rubia hueca. Y me la banco.


