(Primera edición del Blog Itinerante de ANNE BOLEYN)
No sé ustedes, pero yo estoy cansada de tener que cambiar de edad todos los años. No hablo del miedo a envejecer sino de tener que acordarme cada vez que me preguntan la edad cuántos años tengo. ¿24? ¿25? ¿18? ¿50? Lo mismo me pasa a la hora de poner la fecha ¿2000? ¿2010? ¿2011? ¿Marzo? ¿Mayo? ¿Mes 10? ¡¿Quién fue el infeliz que le puso números a los meses?!
Momento Violencia Rivas aparte, creo firmemente que tenemos tres edades: la edad biológica, la edad que aparentamos y la edad que llevamos dentro del corazón.
Mi edad biológica dice que tengo 25 años y 4 meses exactos. Según dicen, no aparento más de 18/19 años. En cuanto a mi edad del corazón, podríamos decir que tengo "an old soul" como dicen en las películas yanquis para dar a entender que una tiene el temperamento de una cincuentona menopáusica. Por ejemplo, no me hablen de ir a bailar o salir de mi casa pasadas las 23 porque soy capaz de ponerme a llorar. Los ruidos demasiado altos o las luces de humo me garantizan una migraña que sólo se me pasa con mi cóctel de Valium y otras drogas. No me vengan con "modas". No me importa si la próxima Reina de Inglaterra lo usa o si es furor en Europa; si no me gusta, no lo uso. Me molesta el humo del cigarrillo, ni hablar si están fumando otros yuyos. Miro muy mal a las madres que dejan que sus hijos se comporten como el bastardo de Satanás. Lo mismo a los adolescentes que van por la vida creyendo que el mundo es suyo.
Tengo 25 años y soy tan o más jodida que mi abuelo de 86.
Henry dice que promedie las 3 edades para obtener mi edad real pero a mí me parece una tontería porque así mi edad "real" sería de 31: la edad de la maternidad, divorcios, crisis existenciales y demás. Por lo tanto, decreto que mi edad real, más allá de las apariencias y de lo que diga mi certificado de nacimiento, es 50. Sí, los 50 son mis nuevos 25.
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| "Old punk", ilustración de Will Murai |
