Hay pequeñas cosas que pueden hacer que un día de mierda sea un poquito mejor.
Cuando era chica de vez en cuando había amenaza de bomba en la escuela. Entonces nos hacían salir a todos, nos llevaban a dos cuadras de distancia (precaución ridícula si las hay, porque si lo de la bomba era cierto nos moríamos igual) y ahí, mientras llegaban los bomberos y revisaban aula por aula, nosotros jugábamos interminablemente al juego de la oca, felices de perder unas cuantas horas de clase.
Cada vez que hay simulacro de incendio en el trabajo me acuerdo de esa época. También nos hacen bajar a todos y nos dicen que esperemos en la esquina. Hay personas encargadas de mantener la calma y de guiar a la multitud por las salidas de emergencia (se las reconoce por el ridículo casco rojo que las obligan a usar).
Así que ahí vamos, toda la manada de ovejitas mansas a papar moscas mientras termina el simulacro. Algunos se estresan porque tienen cosas que hacer. Otros se mantienen alienados en las pantallas de sus Blackberries. Yo disimulo la alegría de escapar por un rato del odioso escritorio. Claro que si propongo jugar al juego de la oca con Gente Seria Con Mayúsculas corro el riesgo de que me miren un poco raro, por eso opto por aprovechar el bache para ir a mirar vidrieras al shopping o a tomar un cafecito por ahí.
Lo de la amenaza de bomba no se le ocurrió a nadie. Todavía.
![]() |
| "Betty vs. the pigeons", ilustración de Neal Mc. Cullough |


