Lady L

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martes, 26 de junio de 2012

Filosofía barata

Tengo un grupo de amigas con las que hay que planear los encuentros con un mínimo de dos semanas de anticipación. Que los chicos, que el trabajo, que el viaje, que la pindonga mocha. Obviamente, nos vemos cada vez menos. Pensaba el otro día en cómo se ha perdido esa costumbre de la visita"paracaidista", esa que caía sin avisar y se instalaba, con suerte con una docena de facturas o un paquete de bizcochitos. Y hablo en pasado porque creo que eso no existe más, o por lo menos no acá en Buenos Aires.

Hoy es impensable una visita sin al menos un mensaje de texto previo, por más confianza que haya. Todo es tan planificado, tan agendado de antemano  que pareciera que hay algo que se perdió en el camino. La espontaneidad, digamos, la sorpresa del "Che, ¡mirá quién vino!", o de encontrar al visitado en pijamas o en situaciones poco decorosas. 

¿Será que nos volvimos demasiado celosos de nuestro tiempo y por eso ponemos tantas trabas para compartir un simple momento? ¿O será que de repente nos hicimos grandes?

lunes, 17 de octubre de 2011

Whisky!

Las cámaras digitales y su ilimitada cantidad de disparos tienen la culpa de que se haya perdido un poco la magia de las fotos. Antes se compraban rollos de 12, de 24, de 36, y ése era el promedio de fotos que se sacaba en un evento X (nacimiento, bautismo, cumpleaños). Para viajes o casamientos quizás eran un poco más, pero creo que nunca más de 100. La cantidad obscena de fotos que se sacan hoy en día (que no es lo mismo que decir la cantidad de fotos obscenas), era algo impensado.

Quizás por la misma multiplicación hasta el infinito de fotos es que ha decaído el interés en ellas, por aquello de la "utilidad marginal", que le llaman los economistas.

Antes una foto era algo especial, único, porque se tenía una, dos, o tres de ese momento que valía la pena ser recordado. El revelado se esperaba con impaciencia, y salir bien o mal en la foto era irreversible. Ahora es "borrala, sacá otra". Y otra. Y otra, hasta que esa amiga semi baqueta se parezca lo más posible a Charlize Theron y pueda usar la foto para su perfil de Facebook.

Algunos no se conforman con sacar fotos, van más allá: tienen que mostrarlas, subirlas a Facebook, etiquetar, comentar. Si no, es casi como si aquel momento no hubiera existido para ellos. Es lo que dice el personaje de Mark Zuckerberg en la película Red Social (5 pulgares arriba): "Antes vivíamos en granjas, después vivimos en ciudades, ahora vamos a vivir en la red". 

Personalmente coincido con el comentario de Anne de hace unos días: me quedo con la cámara analógica (o con un prudente uso de la digital) y con calidad antes que cantidad, con espontaneidad antes que perfección. Y sí, me banco salir mal, que es en casi todos los casos.

"Smile", ilustración de Mr. Brainwash

viernes, 14 de octubre de 2011

That 80's Show

¿Qué es un walkman?—me dijo el otro día mi sobrino de siete años, y me arrojó a la cara sin piedad la conciencia de mis 30 años.

—¿Cómo qué es un walkman? El aparato donde se escuchaban cassettes —dije yo, dándome cuenta en el acto de que en lugar de aclararle algo al pobre chico, lo estaba confundiendo más. Efectivamente, me miró con una expresión en los ojos como si le estuviera hablando en chino.

—Es para escuchar música con auriculares... Es como un Ipod —le dije por fin, y ahí sí entendió y se fue.

Me di cuenta de que además de desaparecer los objetos, se perdieron todas esas palabras que hoy nos parecen obsoletas, como diskette, Atari, austral, Commodore 64, vaqueros, videocassettera, cospel, máquina de escribir, tocadiscos.

Las expresiones ochentosas también cayeron en desuso: "es un potro", "qué fachón", "está de onda", "mató", "es una masa", "faaaa", etc, aunque algunas volvieron renovadas y ahora son vintage, como "cheto" o "chapar".

Igual nunca falta el desprevenido que en el medio de una frase deja caer alguna de estas palabras delatoras, como ayer una mujer en la clase de pilates, que dijo: "me siento en el Italpark". En estos casos a uno no le queda otra que la media sonrisa cómplice, comprensiva, mientras los menores de 20 te miran con esa expresión vacía en los ojos como si les estuvieras hablando en chino.
"80's stuff", Anthony Peters