Lady L

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miércoles, 11 de enero de 2012

50 book challenge

Varios de los blogs de nerds literarios que sigo hablan de este desafío, que consiste en proponerse leer 50 libros en el año.

Proponérselo parece fácil, hacerlo no tanto. Si mis matemáticas no me fallan, estamos hablando de 4,1 libros por mes. Los libros son a elección propia, o sea que si uno quisiera tomar este propósito a rajatabla y cumplirlo a como dé lugar, podría compensar los grandes volúmenes con la lectura a continuación de algún otro libro más corto (las 651 páginas de Ana Karenina con Otonio, de Ana Agote, por dar un ejemplo).

Sea como sea, la idea es disfrutar de la lectura y no que se convierta en una tortura (me salió con verso y todo), así que me anoté para este año y veremos a dónde llego. Por ahora, recién voy por uno y medio.

Enero 2012

#1. Los restos del día, Kazuo Ishiguro


Imagen: Emmaginery Photography

martes, 3 de enero de 2012

Ciudad de lectores

Si algo tienen de buenos los aires de esta ciudad en enero, es que menos gente los respira. Y eso ya es mucho decir.

En lugar de pensar que una gran parte de los porteños está disfrutando de sus vacaciones mientras uno sigue en el cemento, hay que ver el vaso medio lleno y alegrarse por el colectivo vacío, por las distancias que parecen más cortas, por el trabajo a media máquina, y por último -aunque no por eso menos importante- por las liquidaciones furiosas que arrancan justo después de Navidad.

Pero vuelvo al colectivo vacío. Créase o no, para los que nos trasladamos ensardinados en el transporte público todo el año, enero es un oasis: la gente viaja con otra cara. Esta mañana había cinco personas leyendo, además de mí. Me dio la sensación de una biblioteca ambulante, de seis mundos diferentes de ficción viajando juntos al microcentro. 

No puedo evitar chusmear qué lee la gente, me agarra una especie de cholulez literaria y quiero saber si conozco el título, si lo leí, si es uno de los de mi lista de espera, si no lo conozco, o si es uno de esos que no compraría nunca. Hoy alcancé a divisar "El idiota", "Historia de dos ciudades" y "Él y ella" (los gustos en vida). 

Yo estoy leyendo "Los restos del día" y ya me está gustando más que la película. ¿Ustedes? ¿Alguna recomendación?

Ilustración via www.betterbooktitles.com

domingo, 27 de noviembre de 2011

Aplauso dominguero

"For whatever we do, even whatever we do not do prevents us from doing the opposite. Acts demolish their alternatives, that is the paradox"

La traducción sería algo cercano a "Porque todo lo que hacemos, incluso todo aquello que no hacemos nos impide hacer lo opuesto. Los actos demuelen sus alternativas, esa es la paradoja".

(fragmento de "Light Years", de James Salter).

Ilustración: Agata Nowicka

martes, 8 de noviembre de 2011

La argentinidad al palo

Soy de las que siempre se quejan de la mal llamada viveza criolla, de las que sienten vergüenza ajena cuando alguien se sube al subte sin boleto, o falsifica credenciales para entrar gratis a un recital o un museo. Creo que lo que más me molesta es el que se jacta de tales “proezas” y que con cada peso ahorrado se cree un poco más inteligente que los demás.

Pero la vida te pone a prueba de modos misteriosos (Pastor Gimenez’ s alert). En este momento me debato entre el bien y el mal, entre el ser y el deber ser, estoy parada en el precipicio a punto de caer en el abismo de la argentinidad, del cual ya no hay retorno posible.

Resulta que hace un mes y pico hice un pedido de libros a Amazon, por culpa de Anne Boleyn, que me dio la idea acá. Como no llegaron a tiempo hice el reclamo, y en menos de 5 horas había recibido las disculpas de Amazon y la confirmación de que habían cargado el pedido de nuevo.

Hoy recibí las dos cajitas juntas en mi casa. O sea que en lugar de 3 hermosos libros tengo 6.

Tengo 3 opciones:

1) Ser una persona civilizada y notificar a Amazon, para ver cómo es el tema de la devolución.

2) Poner cara de Gollum y atesorar los libros al grito de "my precious" para hacer feliz a alguien que comparta mis gustos literarios.

3) Esperar un tiempo prudencial a ver si me reclaman algo, y luego proceder a la opción 2 con más tranquilidad mental, convenciéndome de que la orden extra es una especie de compensación por la demora original.

Dudo, dudo, no paro de dudar.

"Beauty for Annabelle", ilustración de Denise Van Leeuwen

lunes, 26 de septiembre de 2011

Cada loco con su tema

Cada vez que entro a una librería, o a una biblioteca de esas envidiables, repletas de libros desde el piso al techo, me invade la misma sensación desesperante de voracidad literaria . Me doy cuenta de que no me va a alcanzar la vida para leer (o releer) todo lo que me gustaría. Hay gente a la que le pasa con la música, o con las películas. A mí me pasa con los libros, y -aclaro por las dudas- sólo con los de ficción: cuentos y novelas.

Una vez escuché a un profesor decir que uno debe deshacerse lo más rápido posible de "la culpa de no haber leído". Yo no sé si lo llamaría culpa. Se parece más a una ansiedad angustiante. Tengo un cuadernito en el que anoto todos los títulos que quiero tener y los voy comprando de a poco, aunque algunos queden ahí arrumbados hasta quién sabe cuándo. Una vez que los tengo en mi casa es distinto, siento que están más cerca. Cuando era chica hacía lo mismo pero al revés: le hacía a mi hermana una lista de todos los que ya había leído y ella se encargaba de buscar y traerme títulos nuevos para leer. Siempre hay figuritas difíciles que cuesta conseguir, las de ahora vendrían a ser "La verdadera vida de Sebastian Knight" de Nabokov, "Años luz" de Salter y "Middlemarch" de G. Eliot. (ya los voy a encontrar, chiquitos!).

Pero además de leer me gusta mucho tener libros, ordenarlos, ponerles fecha. Ver cómo se van reproduciendo hasta formar una Biblioteca con mayúsculas. Me fascina el libro como objeto, un buen diseño de tapa, el olor y la textura del papel, las dedicatorias. Soy capaz de cortar manos si presto libros y no vuelven, o aparecen con hojas rotas u onduladas por la humedad (nunca voy a entender a la gente que lleva libros prestados a la playa y los devuelve todos estropeados sin ningún tipo de remordimiento). Por eso debe ser que no me convence del todo el Ipad ni los libros electrónicos, por más útiles y cool que sean esos chiches. A mí déjenme pasar las hojas, y doblarles la esquinita para saber por dónde voy.


Fuente:www. thereadables.tumblr.com